Ivan Prado Sejas

MOTIVO PARA ESTE BLOG

Decidí sacar mis cuentos de la Gaveta y publicarlos, y también deseo mostrar lo que vaya creando en el presente, conforme la diosa de la inspiración me de la posibilidad de escribir cuentos.

jueves, 25 de febrero de 2010

LA PARADOJA DEL SER HUMANO


(1998)
Erase un periodo, en el infierno y en el cielo, donde coexistian dos seres que se odiaban y se amaban; seguramente ya adivinaste de quienes se trata. Ambos, paradójicamente, no sabían el por qué de tales sentimientos. Reían y lloraban de alegría y de rabia. Daban saltos descomunales mostrando un estado maniático o se convertían en ovillos, retrayéndose en conductas depresivas. Y para mejor o peor, brillaban juntos como mil supernovas, o jugaban a las escondidas separándose y se metían en el abismo de la oscuridad más negra que el hollín.


Es en ese maremágnum que nace el ser humano en el Universo, o sea, cubierto por una capa blanca y otra negra. Su cuna es la dualidad, y hasta donde llegan sus sentidos básicos solo ve negro, blanco y sus combinaciones, o sea, todas las tonalidades de gris.   


El hombre niño vive fuera del paraíso, donde nadie vive o donde nadie muere, donde la alegría es amarga, y la tristeza es sabrosa. Vive en el mundo ambiguo de los sentimientos que un día producen bienestar, otro día generan malestar. A veces su existencia es vana y fútil, otras veces es rica  y trascendente. En este columpio de polaridades el ser humano nace, crece y muere. Pero un día, el hombre joven se da cuenta que puede controlar sus afectos, y que puede elegir el polo en el cual él desea estar o no estar, o sea ya puede elegir los sentimientos conforme sus necesidades y vivencias. Luego aparece el hombre adulto, irreconocible en el mundo de los niños. Él controla y gestiona sus sentimientos y pensamientos, vive lo que quiere vivir. Es dueño de su destino. Finalmente aparece el hombre libre, quien ha vencido a todos los espejismos y se ha dado cuenta de todas las ilusiones. Él sabe que es Uno con todos, y todos son uno con Él. Un cuerpo y una célula haciendo un solo Cuerpo, la humanidad libre.


Dice el dicho: La libertad del espíritu está en el desapego de todo para ser parte del Todo. En su íntimo el hombre sabe que eso es así, sin embargo, todavía se identifica con una aguja; la ama, la desea, la posee, la sobrevalora, y depende de ella para su  existir. O sea, se esclaviza a la aguja por voluntad propia, y luego, luego, siente cómo la aguja pincha…

Autor: Ivan Prado Sejas, Derechos Reservados



1 comentario:

  1. Querido Amigo:
    Sólo el que se ha apróximado al límite del desierto se da cuenta que los colores solamente son en la tonalidad del gris...
    Que esa apreciación nos despierte de esta pesadilla!
    Fraternalmente,
    Diego B.

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